Contribuciones

La producción sociológica de José Medina Echavarría se prolongó durante más de 40 años y alcanzó niveles poco comunes de riqueza y percepción. Su larga trayectoria profesional por América Latina le permitió irradiar ampliamente un magisterio que ayudó a varias generaciones de colegas más jóvenes a derrumbar corsés teóricos y a romper tabúes ideológicos. Medina Echavarría reunió en toda su obra un surtido gigantesco de ideas sociológicas, categorías exclusivamente suyas, que tuvieron una enorme repercusión en los ambientes del momento. Su obra, publicada desde Argentina, Chile, México o Uruguay, contó con un público numeroso y ayudó a nutrir de tres cosas fundamentales a la sociología latinoamericana: en primer lugar, aportó una perspectiva histórica que la sociología norteamericana casi nunca ha tenido, ni ha entendido; en segundo lugar, Medina Echavarría tenía una perspectiva amplia de conocimiento y de formación sociológica que no desdeñó ninguna forma de acercamiento al objeto de estudio sociológico. Abrió el encuentro y el entendimiento de la sociología con otras disciplinas académicas, preferentemente con la ciencia económica. Y, por último, la democracia fue una aspiración personal que depositó en su sociología del desarrollo. Veamos con más detalle algunas de estas contribuciones más destacadas de este autor imprescindible para entender la historia de la sociología en América Latina:

  • Sentido y función de la sociología.
  • Las relaciones entre la economía y la sociología.
  • Un modelo teórico para el desarrollo económico y social latinoamericano.
  • La planificación democrática.
  • El futuro de la democracia en América Latina.
  • Sentido y función de la sociología.

En sus primeros años de trayectoria, José Medina Echavarría se esforzó por elaborar un marco conceptual básico de la sociología para así poder pensar la sociedad desde una perspectiva racional y rigurosa. Estas inquietudes más abstractas y teóricas están encerradas en su libro Sociología: teoría y técnica, de 1941. En esas páginas destacó que el sentido y la función de la sociología era hacer los órdenes sociales más nítidos y más comprensibles para el individuo. De esta forma, su pretensión epistemológica pasó por articular un modo metodológicamente correcto entre la sociología positivista de Augusto Comte y la sociología comprensiva de Max Weber.1 Más en concreto, la inspiración teórica del clásico alemán fue muy importante para la consideración que Medina Echavarría siempre tuvo de la disciplina como una ciencia de naturaleza histórica.2

Sin embargo, la sociología no solamente debía ocuparse por el pasado, por los matices culturales, históricos y estructurales de la sociedad, pues la aplicación del método histórico no es del todo suficiente para explicar lo social. Hacía falta, según la visión de Medina Echavarría, completar aquel enfoque histórico-estructural con la sociología analítica. Entendió como algo urgente para el desarrollo de la sociología en el ámbito latinoamericano la adecuación de categorías y conceptos que atrapasen la realidad concreta y pudiera hacer comprensible lo social. Ahí destacan, sin duda, sus Lecciones de Sociología de Puerto Rico de 1946, publicadas póstumamente bajo el título de La sociología como ciencia social concreta, y que representan la matriz de su pensamiento epistemológico sobre la sociología.

En esas lecciones Medina Echavarría se ocupó de temas concernientes a la disciplina como la definición de la sociedad como sistema social; la diferenciación entre sociedad tradicional y sociedad moderna; la teoría de la acción social como fundamento de la teoría sociológica; la socialización y los grupos sociales; la estructura social y el hacerse continuo de la sociedad; la estática y la dinámica social; la anomia; o la concepción sociológica del poder. Además esas páginas encierran su visión particular sobre la teoría de la sociedad y del hombre, y lo que él entendía por una teoría de la sociedad liberal o de la sociedad democrática.3 Estos aspectos más concernientes a la teoría sociológica tendrían su continuación en su obra Presentaciones y planteos, de 1953.

Pero además de su preocupación teórica, Medina Echavarría siempre fue muy consciente de que la sociología debía tener un carácter instrumental para no perderse en el “alpinismo intelectual” y en especulaciones sin base.4 Según sus palabras: “la ciencia tiene que ser instrumental para el hombre y esforzarse por acudir a aliviar a la vida humana de sus problemas más inmediatos, ofreciéndole medios de poder y regulación”.5 Por tal motivo, su argumentación a favor de la unión de teoría sociológica y técnica sociológica redundaba en mantenerse fiel al procedimiento científico: toda ciencia exige atenerse a una técnica de investigación. Para él era impensable la sociología sin su aparato operativo. En consecuencia, entendió tempranamente que la investigación social y la dimensión empírica de la disciplina eran claves para comprender y racionalizar la realidad social y, de paso, poder prevenir y resolver problemas sociales.

Nadie mejor que el iniciado en Sociología sabe del supremo acierto en la descripción del carácter «funcionario» de una de las dimensiones de la vida —el hombre es en la vida un funcionario que asume papeles que están ahí, intercambiables—, pero también sabe que su labor comienza propiamente cuando desde ese filosofema pasa al estudio empírico, preciso y circunstanciado de cómo se conforman y se relacionan recíprocamente los distin- tos roles que una sociedad presenta, o, con mayor ambición, los que exhiben o han exhibi- do sociedades diferentes, ya en un momento dado, bien a lo largo de la historia, para for- mular por fin, de ser posible, la correspondiente teoría17. Alguien podrá pensar que esa tarea es menos brillante y sin duda trabajosa y paciente, pero es la que ha correspondido, para bien o para mal, al que quiera hacer investigación social, es decir, Sociología, y no la puede esquivar.6

Cabe destacar en relación a esta faceta del Medina Echavarría como teórico de la disciplina, que la aparición de su Sociología: teoría y técnica tuvo una amplia repercusión en todo el ámbito latinoamericano en cuanto a proponer esta nueva visión de la sociología como una ciencia especial que unía a su estatuto teórico su parte empírica y práctica. Además, como bien apuntó Gino Germani, esta obra del sociólogo del exilio español representó el primer intento sistemático de fundamentar una sociología científica en América Latina.7 Medina Echavarría, en consecuencia, dejó abierto un camino que luego sería profusamente transitado por las siguientes generaciones.

Las relaciones entre la economía y la sociología

José Medina Echavarría no sólo destacó por su papel inicial y fundamental en la renovación de la sociología científica en América Latina, sino que además es bien reconocida su labor a la hora de insertar la sociología en los estudios del desarrollo económico. Al repasar su trayectoria intelectual se observa que es un rasgo característico de su contribución sociológica en la región, ya que él siempre tuvo claro que la economía encierra su propia sociología. Este principio lo había dejado escrito en 1942 en un ensayo titulado “Economía y Sociología” que publicó en la revista mexicana Investigación Económica y que posteriormente apareció en su libro Responsabilidad de la inteligencia, de 1943. En ese texto encontramos el supuesto fundamental de Medina Echavarría respecto a la relación entre la economía y la sociología: para él ambas ciencias eran perfectamente compatibles. “La teoría sociológica viene a complementar a la teoría económica sin que la última tenga por eso que desaparecer”, escribía entonces.8 Continuando lo que Max Weber apuntó originariamente, se encargó de divulgar y poner en práctica en el ámbito latinoamericano la complementariedad de ambas disciplinas, pues la acción económica no dejaba de ser una acción social más.

A lo largo de su madurez intelectual, Medina Echavarría se encargó de descifrar los supuestos sociológicos y los efectos culturales, históricos y políticos del capitalismo en la región. Su enfoque integrado respecto a la economía y a la sociología le permitió analizar y comprender las acciones y relaciones económicas típicas que habían forjado las sociedades latinoamericanas en su condición de periféricas. Fue una preocupación centrada en los problemas de la emancipación económica y la transformación social de América Latina. Su proyecto modernizador para esta parte del mundo pasó entonces por un análisis sociológico de los aspectos, de los orígenes y de las consecuencias sociales del desarrollo económico como posibilidad de un mayor conocimiento y racionalización de la realidad para su transformación social.9

La “preocupación latinoamericana” constituyó así el principal tema de trabajo de Medina Echavarría durante los últimos veinticinco años de su vida y que recogió en numerosos trabajos, destacando, entre otros, sus obras Aspectos sociales del desarrollo económico, de 1959; El desarrollo social de América Latina en la postguerra, de 1963; Consideraciones sociológicas sobre el desarrollo económico, de 1964; Filosofía, educación y desarrollo, de 1967; y  Discurso sobre política y planeación, de 1972.

Pero además su mérito estuvo, como funcionario de organismos internacionales, en su capacidad por incorporar institucionalmente a la sociología en los estudios del desarrollo económico. Por ejemplo, en 1956 se creó la División de Asuntos Sociales de la CEPAL donde la perspectiva sociológica de Medina Echavarría resultó de gran utilidad para algunos de sus compañeros economistas como Jorge Ahumada, Raúl Prebisch o Celso Furtado. O en 1963 cuando fue encargado de dirigir la División de Planificación Social del ILPES. En todo caso, siendo un exiliado español terminó por convertir la problemática del desarrollo económico y social de la región como su “tema latinoamericano”, destacando por elevar y sintetizar los problemas del capitalismo, el desarrollo y la modernización en América Latina desde un punto de vista sociológico y sin que faltase nunca una profunda reflexión ética, moral y humana.

Un modelo teórico para el desarrollo económico y social latinoamericano

José Medina Echavarría se esforzó en renovar en América Latina el debate del desarrollo, eminentemente económico, introduciendo la importancia de lo social. Una de sus contribuciones más destacadas fue, sin duda alguna, su “proyecto weberiano” más maduro, el cual consistió en formular un “modelo teórico para el desarrollo económico latinoamericano”.10 Su investigación partió de la pregunta lanzada por Max Weber de cuáles son las “condiciones sociales” que hacen posible el funcionamiento del sistema capitalista. Pregunta que aplicada al contexto latinoamericano se interpretaría como la búsqueda de los requisitos sociales de la “economía liberal” para América Latina. En diversas obras, como Aspectos sociales del desarrollo económico y Consideraciones sociológicas sobre el desarrollo económico, Medina Echavarría se encargó de realizar una profunda revisión sobre el proceso histórico del capitalismo en la región.

En América Latina la preocupación tras la Segunda Guerra Mundial estaba en cómo alterar la sociedad para adecuarla al modelo teórico de desarrollo imaginado y al sistema económico deseado. A la sociología le correspondió la tarea de explicar cómo había funcionado ese sistema y cuál había sido la disposición económica típica del capitalismo latinoamericano. Medina Echavarría asignó, en ese sentido, un papel fundamental a los aspectos sociales como “obstáculos culturales y sociales” del desarrollo económico. Para él “la vigencia de determinados valores y la existencia de ciertas actitudes, usos y tradiciones” condicionaron la economía latinoamericana.11

En su opinión, había que conocer, saber cómo operan y cuáles eran los efectos de estos obstáculos. Por tal motivo, su modelo teórico fue propuesto desde una dimensión histórica y con un contenido en el que destacan dos argumentos conceptuales y temáticos fundamentales: la hipótesis de la hacienda y la hipótesis de la “porosidad estructural”. Estamos ante dos de las contribuciones teóricas que más interés despertaron en la economía y en la sociología latinoamericana, siendo asimiladas en distintos contextos culturales y políticos.

Para Medina Echavarría la hacienda fue la pieza clave en el proceso histórico y modernizador de América Latina. La hacienda caracterizó a la región como predominantemente agraria, pero, sobre todo, fue una institución social que resistió a distintos embates transformadores: el fracaso de las reformas agrarias del siglo XVIII o las tendencias desamortizadoras del siglo XIX son un buen ejemplo. La capacidad de mudanza y la habilidad de resistir al cambio de la estructura socioeconómica latinoamericana se explica por la persistencia cultural y social de la hacienda. En ella se definieron históricamente los valores, las normas, los medios sociales, o la distribución de los papeles sociales. Este sociólogo presenta así una teoría de la hacienda basada, en última instancia, en cómo esta institución social logró cumplir una importantísima función económica, socializadora, cultural y política.12

Según Medina Echavarría el gran logro de la hacienda había sido esa persistencia en su capacidad modeladora de la estructura social, prolongada hasta la edad contemporánea. Este proceso fue resultado de la interacción de distintos grupos y clases sociales, que tuvieron en común un modo de relación que les fue propio y que, por tanto, tenían intereses y valores distintos, cuya oposición, conciliación o superación determinó la estructura sociopolítica y el sistema económico de América Latina. Sin duda alguna asistimos a una excelente lectura sociológica de la historia económica y política de la región, en la que Medina Echavarría supo perfilar la modelación del capitalismo periférico y sus complejas fuerzas sociales que presionaban a la hora de reproducir y perpetuar la estratificación social como a la hora de extender las pautas de consumo, antes reservadas a las minorías privilegiadas.

En esos parámetros situó su novedoso concepto de “porosidad estructural” como hipótesis de la realidad latinoamericana y como un modelo de interpretación teórica del desarrollo económico de los años 60. Esta idea fue escrita por Medina Echavarría para el documento de trabajo de la CEPAL “El desarrollo social de América Latina en la postguerra” de 1963, estudio preparado por el sociólogo español en colaboración con Luis Ratinoff y con Enzo Faletto, y presentado como documento de la Secretaría de la CEPAL al Décimo Período de Sesiones, realizado en Mar del Plata, Argentina, en 1963.13

Al respecto de esa hipótesis, este autor prolongaba su programa de investigación weberiano sobre las claves económicas, sociales y políticas de la modernización en la región. Precisamente para Medina Echavarría la modernización económica de la hacienda no significó su disolución social y cultural. Al contrario, el sistema de relaciones sociales de la hacienda sobrevivió en cuanto a “modelo de organización del trabajo” y como tal permaneció en “gran parte de la estructura social predominante en las áreas rurales de América Latina hasta 1960”. Su baja productividad y su poca inversión tecnológica se debían a principios de dominación y prestigio social. La “herencia de las formas tradicionales” durante el proceso económico posterior a la Segunda Guerra Mundial no había alterado la “estratificación social”.14

Y esto sucedió así porque, según la opinión de Medina Echavarría, “la sociedad tradicional pudo defenderse gracias a su permeabilidad, pero al mismo tiempo esa su porosidad tuvo que tolerar la infiltración de numerosos ingredientes modernos”. Aquí encontramos, sin duda alguna, el poderoso argumento que da cuerpo a su teoría de la porosidad estructural: “la prolongación de la sociedad tradicional no es sino la otra cara de la insuficiencia dinámica del desarrollo económico”.15

La permeabilidad al cambio de la sociedad tradicional permitía la coexistencia y la compatibilidad no problemática entre lo viejo y lo actual, entre lo arcaico y lo contemporáneo, entre las “actividades típicamente precapitalistas” y las “actividades capitalistas”. Este hecho lo denominó Medina Ecahvarría como el “carácter elástico” de la ambigüedad estructural en América Latina.16 En esa porosidad habría una funcionalidad: el sector evolucionado extrae del arcaico los elementos necesarios para poder desarrollarse. De esta manera, y para terminar, la porosidad estructural era el gran “obstáculo” en el “camino del desarrollo”, porque el “hecho de su perduración” impedía “la plena modernización y la transformación completa de las estructuras sociales”.17

La planificación democrática

La industrialización basada en la sustitución de importaciones no había conseguido modificar, según la visión de José Medina Echavarría, la estructura del poder tradicional en América Latina. Incluso parecía que ese proceso económico había reforzado y consolidado las posiciones estratégicas de dominio social de la estructura hacendística. La cultura política latinoamericana, enraizada en la hacienda, podía caracterizar al Estado moderno y desarrollista a partir de prácticas extendidas en la ciudad como las del clientelismo, el compadrazgo o el paternalismo, contradictorias ellas con el proceso de modernización.

Vistos tales motivos, Medina Echavarría se refirió a la imposibilidad de aplicar el paradigma weberiano en la región, acabando por centrar todo su modelo teórico en el “elemento externo fundamental”, que sería justamente el Estado y la acción planificadora, muy en la línea del pensamiento cepalino clásico. Consideró como evidente que la tesis de Max Weber sobre el origen del capitalismo no se podía aplicar en América Latina, pues las condiciones sociales del desarrollo capitalista en la región aludían a la inexistencia de una competencia económica perfecta, traducida en la ausencia de una plena libertad de mercado.18 Además a ello se unía la ausencia de nuevas clases emergentes capaces de dirigir la transformación estructural de la sociedad. Esta situación obligó al Estado latinoamericano a dejar de ser neutral y le llevó a intervenir regulando la actividad económica o participando directamente en ella.

Bajo ese contexto histórico, Medina Echavarría, entre mitad de los años 60 y hasta el golpe de Estado contra Salvador Allende en 1973, se planteó muy seriamente el tema de la planificación de las economías latinoamericanas desde su inclinación personal por la democracia. Para él era evidente que el desarrollo y la democracia no eran de ningún modo excluyentes. Hay que recordar que fueron tiempos en que el edificio estatal y burocrático en América Latina estaba en pleno proceso de edificación, y la pregunta por el Estado encajaba con su aspiración de una planificación democrática, como demostró en su texto Filosofía, educación y desarrollo, de 1967.19

Él mantuvo siempre viva la idea de que la democracia era el mejor sistema de dominación política, porque permitía la coexistencia de intereses diferentes y contradictorios, además facilitaba un clima propicio para las opciones de libertad y subjetividad individual, puesto que los individuos habían de convertirse en agentes para el desarrollo económico, cultural y social.20 El cambio social en América Latina, por tanto, se tenía que institucionalizar desde el Estado como factor de modernización y como fuerza de transición de una sociedad tradicional, oligárquica y rural, a una sociedad industrial y libre. Y la planeación democrática, especialmente para Medina Echavarría, representaba el mejor escenario institucional que posibilitaba esta alteración de la sociedad. Estos enunciados y razonamientos sobresalen en su documento de trabajo “La planeación en las formas de racionalidad”, presentado en la Undécima Asamblea de Gobernadores del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), celebrada en abril de 1970 en Punta del Este (Uruguay), e incluido en su libro Discurso sobre política y planeación, de 1972.

Medina Echavarría realizó en esas páginas una notable crítica a las corrientes teóricas e ideológicas de su tiempo, caso de la teoría de la dependencia y de la ideología tecnocrática de corte neoliberal.21 En ese momento, a principios de los años 70, hubo un creciente descrédito hacia la democracia y hacia la acción transformadora del Estado. Para los teóricos de la dependencia y del marxismo no fue un contenido sociológico importante. A los economistas y teóricos neoliberales tampoco les importó las formas políticas y constitucionales mientras se respetasen las bases fundamentales del orden económico. Incluso hubo una creencia estrecha entre desarrollo económico y autoritarismo.

Medina Echavarría, en cambio, asumió una postura intelectual y sociológica absolutamente comprometida con unos ideales políticos ligados a la democracia y a su dimensión social. Él creyó y confió de manera firme en lo que decía. Sus convicciones sobre la democracia estaban lejos de ser ingenuas. Junto con la experiencia histórica contemporánea y el examen sociológico y político, él contaba además con el escrutinio biográfico. Si sostuvo estas ideas es porque sabía perfectamente que la democracia es un producto difícil de alcanzar y frágil una vez obtenido.

El futuro de la democracia en América Latina

Cuando se habla de la necesidad de una técnica en la investigación socio- lógica, suele imaginarse enseguida a un hombre manipulando aparatos estadísticos o dirigiendo a un equipo de ayudantes que amontonan en afanoso azacaneo innumera- bles encuestas y «entrevistas». Lo que sí es cierto en parte, no agota ni con mucho to- dos sus aspectos. Esa técnica de aire libre o de complicadas operaciones matemáticas conviene por excelencia, según algunos, a la labor del sociólogo y elimina como ilegíti- ma la llamada construcción de gabinete (arm chair sociology).22

El debilitamiento del pensamiento reformista y democrático en el comienzo de la década de 1970 se debió a cuestiones políticas y sociológicas que fortalecieron un creciente círculo de admiradores, simpatizantes y practicantes tanto de la teoría de la dependencia como del pensamiento neoliberal. En el caso de Medina Echavarría y su trayectoria en Chile, fracasó su propuesta de una salida democrática para la polarización de la sociedad chilena que terminó por colapsar al país con el golpe de Estado de Augusto Pinochet. La acción fundamental de los últimos días del gobierno de Salvador Allende fue buscar una mayoría parlamentaria que tratase de evitar un golpe militar. No lo consiguió. El golpe de Estado contra su gobierno democráticamente elegido inauguró en América Latina un nuevo modelo de desarrollo: el capitalismo y su racionalidad tecnocrática y neoliberal se instalaron en la región a través de las dictaduras militares.

Medina Echavarría volvió a España en junio de 1974, retornando nuevamente a Santiago de Chile a mitad de 1975. A remolque de las convulsiones críticas de aquel período, publicaría en el último año de su vida tres artículos que componen su testamento intelectual. “América Latina en los escenarios posibles de la distensión”, “Las propuestas de un nuevo orden internacional en perspectiva” y “Apuntes acerca del futuro de las democracias occidentales” constituyen la declaración pública de este sociólogo expresando lo que quiso que se hiciera con sus ideas después de su fallecimiento en 1977: el tesón del discurso democrático podía vivir en una condiciones realmente adversas para su posibilidad.23

Si la llegada al gobierno militar de los tecnócratas significó, en el caso chileno, la desconfianza de las soluciones puramente democráticas o políticas y se insistió en la necesidad de otorgarles un fundamento técnico, Medina Echavarría, desde el resguardo que le concedió la CEPAL de las Naciones Unidas, formuló en esos últimos trabajos una suerte de sociología crítica fundamentada en su “persistencia democrática”. Una vez más fue capaz de unir con lucidez la reflexión sociológica con la aspiración democrática. La lectura de estos textos fundamentales siempre es recomendable en momentos en que la democracia puede aparecer en retroceso ante el avance de las fuerzas económicas. Nunca está de más mirar a la historia de nuestra disciplina, como él mismo recomendaba, porque en los autores del pasado se encuentran algunas de las respuestas necesarias para entender los hechos del presente. Motivo más que suficiente para que José Medina Echavarría siga siendo una invitación constante a pensar, sociológica y democráticamente, la realidad que nos ha tocado vivir.