Influencias

Las influencias fundamentales de José Medina Echavarría le vienen de diferentes experiencias biográficas e intelectuales. Muy importantes para su inicial formación sociológica fueron sus estancias en las universidades europeas del primer tercio del siglo XX. Durante el curso académico de 1925-1926 disfrutó de una pasantía de investigación doctoral en la Universidad de París, la cual le acercó al pensamiento de Augusto Comte, Leon Duguit y Émile Durkheim. A principios de los años 30 fue pensionado de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas en las Universidades de Marburgo y Münster. Sendas estancias en Alemania fueron decisivas para su inclinación por los estudios sociológicos, ya que allí se interesó muchísimo por la obra de Hans Freyer, Karl Mannheim, Ferdinand Tönnies y Max Weber.

Medina Echavarría siempre mantuvo un sentido y una función de la sociología al servicio de la sociedad y como claro instrumento de mejora y de progreso social. Aquella aspiración iba ligada también al deseo de desarrollar científicamente a la disciplina, lo que explica también su vocación permanente de comandar empresas institucionales y editoriales. Sin duda alguna, esta orientación reformista de la sociología le venía del magisterio recibido por parte de Adolfo Posada, su maestro en la Universidad Central de Madrid, y también, por supuesto, de las inquietudes y experiencias recogidas en el clima cultural de la Segunda República española. Ese proyecto cultural, político y social motivó buena parte de sus “temas americanos” como la responsabilidad ética y el lugar del intelectual en la sociedad, la crisis contemporánea o su inclinación personal por la democracia, presente en su sociología más madura.

Las cuestiones metodológicas no dejan de estar desacreditadas en algunos círculos. La permanencia en ellas de muchos que carecen de una obra científica propia, aumenta su descrédito. Así, aun entre los propios alemanes, había algunos que lamentaban la larga antesala metodológica de otros de sus compatriotas, remisos a entrar en materia. Lamento que en plumas extranjeras se convertía, naturalmente, en crítica acerada o en amable chanza. En este sentido se ha dicho más de una vez que los libros de metodología en ciencia social son, o exposiciones a posteriori de sus propios métodos hechas por los grandes creadores (Durkheim o Weber, por ejemplo), o manifestaciones de impotencia de los segundones infecundos. Se trata aquí, según creo, de una verdad, de hecho, pero no de interpretación.1

Obviamente el arma intelectual de este sociólogo fue su experiencia de vida, sobre todo si pensamos que estos aspectos fundamentales de su obra estuvieron suscitados y relacionados con las consecuencias de la ruptura originada por la Guerra Civil española y la obligación de tomar el camino del exilio. La preocupación teórica de su literatura sociológica durante las estancias mexicana y puertorriqueña fue una continuación y, principalmente, una maduración de sus temas europeos en relación a la construcción científica de la disciplina.

En un primer momento el destierro le condujo a una abstracción teórica. Entonces se recluyó en sus clásicos alemanes, principalmente, en la lectura de Max Weber, autor al que mantendría una decidida fidelidad intelectual a lo largo de su vida. Aunque Medina Echavarría destacó con el tiempo, sin embargo, como un sociólogo con una gran amplitud de perspectivas. Por ejemplo, en los años 40 y 50 se interesó por diversas corrientes de la sociología norteamericana contemporánea con el propósito de sistematizar analítica y conceptualmente la disciplina en el ámbito latinoamericano. En esa época fueron frecuentes sus referencias al estructural-funcionalismo de Talcott Parsons y de Robert K. Merton, a los trabajos de investigación social de Kimball Young y de Robert E. Park, o a las visiones sistematizadoras de Herbert Blummer, George H. Mead, Louis Wirth o Florian Znaniecki.

A partir de los años 50 y desde Chile, Medina Echavarría destacaría por insertar la sociología en los estudios del desarrollo económico desde diferentes organismos internacionales como la CEPAL, la FLACSO o el ILPES. Dedicado a estudiar el proceso industrial en América Latina, dialogaría entonces con algunos importantes teóricos de la modernización, como Reinhard Bendix, Seymour M. Lipset o Wilbert E. Moore, sin descuidar tampoco la lectura de la sociología crítica norteamericana, especialmente teniendo a C. Wright Mills como una de sus preferencias. Igualmente siguió interesado por la sociología más actual proveniente de Europa. En ese sentido, destacan las influencias alemanas de Ralph Dahrendorf, Jürgen Habermas, René König, o Helmut Schelsky. De la sociología francesa se interesaría por el liberalismo de Raymond Aron y por la sociología económica de François Perroux.

Por lo que respecta a la influencia latinoamericana, su interés manifiesto siempre estuvo en los trabajos sociológicos de algunos miembros de su generación, como los de Florestan Fernandes, Gilberto Freyre o Gino Germani. Pero, sin duda alguna, el diálogo y el trabajo cotidiano con sus compañeros de la CEPAL y del ILPES quedaron muy reflejados en su sociología del desarrollo. Ahí fueron muy importantes el intercambio de ideas con los economistas Celso Furtado y Raúl Prebisch, y con los sociólogos Fernando H. Cardoso, Enzo Faletto, Jorge Graciarena, Adolfo Gurrieri, Aldo Solari, Francisco C. Weffort o Marshall Wolfe. De esta forma, los “aspectos sociales del desarrollo económico” de Medina Echavarría, que en un principio fueron un conjunto de notas marginales para ir entrando en el coto cerrado de los economistas, terminaron, al final, por consolidarse institucionalmente en estos organismos internacionales.

Si nos hemos detenido minuciosamente en las influencias intelectuales y biográficas de José Medina Echavarría es porque representan una buena y variada muestra de las contribuciones y de los temas que surcan su rico pensamiento. Aunque él sobresalió por ser un intermediario y portador en América Latina de las ideas sociológicas de Max Weber durante más de 30 años, fue también capaz de sistematizar y alcanzar un balance crítico de diferentes corrientes, enfoques y escuelas. Generó un aporte original y ecléctico que ayudó a consolidar la sociología en la región, facilitó a pensar la problemática del desarrollo económico desde una perspectiva sociológica y señaló el camino de la utopía democrática, a finales de los años 70, en un momento concreto en que se negó toda la posibilidad de la misma en la región por las dictaduras militares.