Biografía Académica

José Medina Echavarría, sociólogo del exilio español, nació en Castellón de la Plana (Valencia) el 25 diciembre de 1903. Fue miembro de una generación de jóvenes nacidos a principios del siglo XX, en distintas capitales de provincias, y que por motivos académicos viaja a Madrid para terminar su doctorado de Derecho. En esos años de formación fue muy importante la figura de Adolfo Posada, quien medió en su destino académico y le influyó en su acercamiento a los estudios sociológicos. En 1930 viajó a la Universidad de Marburgo, donde completó su formación y se interesó, principalmente, por la sociología comprensiva alemana, el historicismo y la fenomenología, corrientes que irá incorporando progresivamente en sus inquietudes intelectuales y que tratará de difundir en lengua castellana.

A la vuelta de este viaje, accede al cuerpo de letrados del Congreso de los Diputados de la recién instaurada Segunda República. Desde allí fue espectador privilegiado de la política nacional española. Compartió el espíritu renovador y modernizador de la llamada “Generación del 14” o “Generación de los intelectuales”, la cual se propuso elevar el nivel cultural y económico del país. Además desarrolló una carrera académica en la Universidad Central de Madrid, como ayudante de la cátedra de Derecho de Adolfo Posada y dando un curso de sociología. Obtiene en 1935 una cátedra de Filosofía del Derecho en la Universidad de Murcia. No llegará a ocuparla. En esa época se aprovechó del amplio abanico de posibilidades editoriales que le ofrecía Madrid, participando activamente en la Revista de Derecho Privado como autor y traductor de distintos libros. Fue encargado entre 1933 y 1936 de la colección de Sociología de la editorial de esta revista, dirigida por Posada. Su obra La situación presente de la filosofía jurídica inauguró esta colección de estudios sociológicos. Además Medina Echavarría tenía preparado en 1936 su Panorama de la sociología contemporánea, editado finalmente en 1940 en México, así como tenía en marcha ciertas negociaciones editoriales para publicar La ética protestante de Max Weber.

La Sociología como disciplina y los hombres que la cultivan—sobre los que pesa el impre- sionante nombre de sociólogos— están sometidos, como las demás disciplinas y los de- más hombres, a las sacudidas que conmueven nuestra época atormentada. Que esos tras- tornos tengan que reflejarse no sólo en la actitud personal de los investigadores sociales, sino en la ciencia que construyen, es cosa inevitable.1

Tras el levantamiento golpista de julio de 1936 y el posterior inicio de la contienda bélica, dio muestras en distintas actividades de su compromiso con el proyecto ético, moral y político republicano. Colaboró en Valencia para resguardar a los intelectuales de Madrid y fue destinado en marzo de 1937 como Jefe de Negocios a la embajada de Varsovia (Polonia). Allí permanecería hasta la primavera de 1939, momento en que, intuyendo el desenlace de la guerra española y presintiendo la debacle europea, toma la decisión de probar fortuna en México.

José Medina Echavarría llegó a México como exiliado, pero también sabiéndose sociólogo. A partir de ese momento comenzó su particular travesía por América Latina. Se integró en el fecundo exilio intelectual que tanto se comprometió con la cultura mexicana gracias a La Casa de España, luego El Colegio de México. En aquel país tuvo ocasión de protagonizar notables iniciativas docentes, editoriales e investigadoras. De forma temprana comenzó a impartir clases en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). En julio de 1939 fue nombrado catedrático titular de Sociología de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Escuela Nacional de Jurisprudencia. Ocuparía ese cargo hasta 1943. Además en esos años se desempeñaría como profesor de Sociología en la Facultad de Economía de esta universidad mexicana.

Entre las publicaciones de esos años destaca, fundamentalmente, su Sociología: teoría y técnica, de 1941. En esa obra son palpables las influencias del historicismo alemán, de la sociología de la cultura alemana y, por supuesto, de la sociología comprensiva de Max Weber. Además recogía toda la herencia del positivismo francés de Augusto Comte. Una dimensión práctica que la completó con las indagaciones sobre los métodos y las técnicas de investigación social de origen anglosajón.

Pero Medina Echavarría no sólo fue un sociólogo preocupado por cuestiones abstractas como la construcción y la metodología de la sociología, porque además de teórico, en México fue un activo “mediador cultural”. Destacó como divulgador del conocimiento sociológico europeo contemporáneo a partir de su actividad como traductor y como encargado de la Sección de Sociología del Fondo de Cultura Económica (FCE). Se tradujeron obras fundamentales de Karl Mannheim, Hans Freyer o Ferdinand Tönnies. Además, Medina Echavarría, como intermediario de las ideas sociológicas de Max Weber, se encargó de encabezar el equipo que tradujo la titánica Economía y sociedad. El equipo de traductores estuvo compuesto por Juan Roura Parella, Eduardo García Máynez, Eugenio Ímaz y José Ferrater Mora.

En 1943 fue nombrado director del Centro de Estudios Sociales de El Colegio de México. Allí puso en marcha el primer Diplomado de Ciencias Sociales de América Latina, plasmando en el plan de estudios todo su ideario integrador de las ciencias sociales. Además organizó dos importantes seminarios en el Centro de Estudios Sociales que tuvieron una gran repercusión en el medio intelectual mexicano y latinoamericano. Nos referimos al “Seminario sobre la guerra”, celebrado en 1943 y el “Seminario colectivo sobre América Latina”, impartido en 1944. Los resultados de esos seminarios inauguraron Jornadas, especie de revista sin fecha periódica de aparición y órgano expresivo del Centro de Estudios Sociales, creada y dirigida por Medina Echavarría entre 1943 y 1946. Esta revista trató de fomentar un debate académico entre los científicos sociales hispanoamericanos.

Los problemas económicos que agobiaban a El Colegio de México unido a los cambios que el Centro de Estudios Sociales exigía y que Medina Echavarría no pudo gestionar, influyeron en su marcha a la Universidad de Puerto Rico en 1946. Había aceptado la invitación de Jaime Benítez, rector de la Universidad de Puerto Rico, para incorporarse como “Profesor Visitante de Sociología”. La idea era establecerse por un año, pero al final permaneció en la isla hasta el verano de 1952. En 1947 se le concedió una Cátedra de Sociología en la Facultad de Ciencias Sociales. Allí se encargó de las ediciones internas de la Facultad y fue miembro del Comité de Integración.

Además ayudó en la reforma del plan de estudios de la Facultad de Estudios Superiores. Medina Echavarría, en Puerto Rico, pudo así renovar su desempeño en las tareas organizativas e institucionales de los estudios sociológicos y sociales. También colaboraría como investigador asociado en las tareas de redacción de la Constitución de Puerto Rico como Estado Libre Asociado entre finales de 1951 y comienzos de 1952. Pero allí fue, ante todo, profesor de sociología. Fue entonces cuando se dedicó a perfilar su teoría sociológica. De ese tiempo se corresponden, principalmente, sus Lecciones de Sociología, de 1946, publicadas póstumamente bajo el título La sociología como ciencia social concreta, matriz de su pensamiento epistemológico sobre la sociología.

En 1952 es reclutado por el economista argentino y secretario de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), Raúl Prebisch, para incorporarse a este organismo internacional localizado en Santiago de Chile. Medina Echavarría comenzaría a trabajar en agosto, como editor, dada su experiencia en esta tarea. Pero con él además se quería abrir el tema del desarrollo económico a la perspectiva sociológica. Él fue el pórtico de entrada de la sociología en la CEPAL. Fue el primero en hablar en América Latina de los “aspectos sociales del desarrollo económico”, en un libro homónimo publicado en 1959. Estamos ante la etapa intelectual más decisiva e innovadora de Medina Echavarría cuando trató de integrar la sociología weberiana con la explicación económica de la sociedad latinoamericana.

Además José Medina Echavarría tuvo un papel destacado en el proceso de institucionalización de la sociología en Chile y en América Latina. En 1957 fue elegido para ocupar la dirección de la Escuela Latinoamericana de Sociología (ELAS) de la recién creada Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Aquella escuela ofreció un Diplomado de dos años denominado “Diploma de Estudios Superiores en Sociología y de Capacitación para el ejercicio de la docencia universitaria en Sociología”. La FLACSO nació justamente porque no había escuelas de sociología y en las universidades latinoamericanas no existía la carrera de sociología como tal. Entre 1957 y 1959 Medina Echavarría se dedicó a esta empresa académica que conformó un cuerpo docente y de investigación profesionalizado que benefició inmediatamente a los organismos internacionales, a las universidades y a los centros de investigación especializada a nivel regional.

Sin embargo, Medina Echavarría decidió renunciar de su cargo de director de la Escuela Latinoamericana de Sociología a finales de 1959. Regresó nuevamente a la CEPAL, a su División de Asuntos Sociales. La presencia de Medina Echavarría en las Naciones Unidas para América Latina fue generando nuevos retos intelectuales y nuevas demandas que propiciaron la llegada de importantes sociólogos latinoamericanos y extranjeros. Él trabajó de manera muy activa para que la sociología tuviera un peso específico en el Instituto Latinoamericano de Planificación Económica y Social (ILPES), creado en Santiago de Chile en 1962 bajo la égida de las Naciones Unidas. En ese instituto asumió la dirección de la División de Planificación Social en noviembre de 1963. Allí formó un nutrido grupo de investigación en el que destacaron, entre otros nombres, el chileno Enzo Faletto y el brasileño Fernando H. Cardoso.

En esas nuevas circunstancias, en la época álgida del desarrollismo latinoamericano de principios de los años 60, Medina Echavarría pensó que la problemática del desarrollo económico y social tenía que estar fundamentada en unas teorías sociales y políticas muy consolidadas para poder hablar de aspiraciones individuales, de mejora social, de política o de democracia. Max Weber fue su guía teórica. Su proyecto intelectual más maduro consistió en formular un “modelo teórico para el desarrollo económico latinoamericano”. Él se planteó entonces el tema de la planificación de las economías latinoamericanas desde su inclinación personal por la democracia. Para Medina Echavarría era evidente que el desarrollo -como capitalismo- y la democracia no eran de ningún modo excluyentes. Al contrario, entre ambos procesos y sistemas había existido históricamente una compleja trama de interrelaciones y de penetraciones mutuas. Para él la democracia venía a ser el sistema político que mejor se ajustaba a las exigencias del desarrollo económico por ser un sistema de opciones y decisiones. Aquí fue importantísimo, sin duda, su aprendizaje vital y reformista en la España republicana.

La década de 1970, sin embargo, marcó el final de una etapa de la democracia representativa en América Latina, tanto en su vigencia efectiva como forma de organización política, como en su forma de ideología dominante. Se puso en cuestión toda una época de desarrollo y de valoración positiva del mismo. Fue la crisis del desarrollismo. Es justo en ese período cuando José Medina Echavarría reflexionó de forma crítica y abierta, como nunca antes había hecho, sobre los límites, equívocos y posibilidades de la democracia en América Latina y en las sociedades occidentales. Él se mantuvo fiel a sus modelos de explicación sociológica para América Latina y a la cuestión fundamental de la democracia más allá de inclinaciones ideológicas o de problemas técnicos. Su apuesta por la democracia fue su respuesta particular al auge, por un lado, de los teóricos de la dependencia y del marxismo y, por el otro, a los tecnócratas del pensamiento económico neoliberal.

Permanecería unos meses más en Chile después del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973. Retornó a España una vez jubilado del ILPES en junio de 1974. Medina llegó cansado de un Chile adverso y perplejo. Ni la sociedad ni la academia española le esperaron. Fue un exiliado en su propia patria. Había proyectado un retorno definitivo en España después de pasar media vida en América Latina, pero sólo pudo permanecer en su país un año y medio, al cabo del cual se instala otra vez en Santiago de Chile. Su lugar estuvo nuevamente en la CEPAL, donde se incorporó como consultor externo. Desde allí escribiría sus últimos ensayos.

Como buen conocedor de esta región puso su empeño en reflexionar sobre el desenlace político en el Chile y en la América Latina de finales de los años setenta. En sus últimos trabajos Medina Echavarría formuló una suerte de sociología crítica fundamentada en su “persistencia democrática”, fijada en señalar el camino de la utopía democrática en un momento concreto en que se negaba toda la posibilidad de la misma por las dictaduras militares. Su experiencia de vida fue su arma intelectual. Comprendió que los “problemas latinoamericanos” eran parte también de los problemas europeos y occidentales. Amparó un modelo de convivencia para la sociedad latinoamericana del todo recuperable para nuestros días. Vivió y sintió como propios los fenómenos políticos chilenos y latinoamericanos, mostrando siempre una gran sensibilidad por el contexto histórico. La muerte fue a buscarle el 13 de noviembre de 1977. Atrás dejó una magistral responsabilidad intelectual que le distinguen como un intelectual heterodoxo y reformista que trató de modificar la realidad social que le tocó vivir a través de sus contribuciones sociológicas y a través de sus ideas.