Biografía Académica1

Fernando Calderón nació en la ciudad de La Paz (Bolivia) en 1948. Se formó como sociólogo en la Universidad de Chile (1967-1973), cuando ese país -junto con Cuba- constituía el epicentro de la reflexión sobre el desarrollo, la dependencia y el socialismo en América Latina. En Chile estableció vínculos con muchos de los intelectuales latinoamericanos más destacados -entre ellos Enzo Faletto, quien fue su director de tesis- los cuales tuvieron una influencia notable tanto en el desarrollo de su pensamiento cuanto como en su labor institucional. Esa impronta se evidencia en su libro Sociedades en movimiento (2011), el cual dedica a “Esa cofradía de intelectuales y políticos de diferentes partes del mundo que se hicieron latinoamericanos bajo el Chile de Allende”.

Continuó sus estudios en París, donde obtuvo un Diplome des Estudes Approfondies (1977, DEA, bajo la dirección de Alain Touraine) y un Doctorat en Troisième Cycle (1979, con Manuel Castells como director de tesis), ambos en la École des Hautes Etudes en Sciences Sociales. Leyendo los versos del peruano César Vallejo y en contacto con esos sociólogos europeos fuertemente interesados por América Latina, Calderón se convirtió -un poco a contracorriente del enfoque predominante en la sociología crítica latinoamericana de la época, inclinada más por el método histórico estructural que por el estudio de la acción colectiva- en un importante estudioso y promotor de los análisis sobre movimientos sociales en América Latina. Esa orientación teórica le llevaría a sentenciar, en un texto-manifiesto en el que aboga por el estudio de la acción colectiva en América Latina, que “la sociedad no es una estructura” (“Los movimientos sociales ante la crisis”, 1986).

En la primera mitad de los ochenta (1980-1984), Calderón fue director del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES, fundado en 1978), organismo no gubernamental establecido en la ciudad de Cochabamba, y luego también en la ciudad de La Paz, que llegó a constituirse en uno de los ámbitos multidisciplinarios de mayor producción académica en Bolivia. CERES desplegó una intensa labor editorial que incluye publicaciones producidas por académicos destacados, como Jorge Dandler, Roberto Laserna, José Blanes, Rosario León, Alberto Rivera y Humberto Vargas. Destacan en ese sello los siguientes libros de Calderón: La política en las calles(1982), Urbanización y etnicidad. El caso de La Paz (1984) y Búsquedas y bloqueos. Interpretaciones sociológicas a la realidad boliviana (1988), además del volumen colectivo Bolivia: la fuerza histórica del campesinado (1984).

“En Bolivia ha habido una tradición intelectual fuerte, muy ideológica durante muchos años, o muy tecnocrática. O la tecnocracia se encerraba en sí misma, o el ideologismo se encerraba en sí mismo. Pero hay una tradición, sobre todo entre los historiadores, de una producción intelectual muy importante en Bolivia, que no hemos sabido valorizar lo suficiente.”2

Entre 1984 y 1991 Calderón desempeñó el cargo de Secretario Ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Desde esa posición promovió el estudio de los movimientos sociales que cuestionaron fuertemente a los gobiernos dictatoriales y fueron protagonistas de los procesos de transición hacia la democracia, en un contexto de profunda crisis económica. Realizó también una notable labor editorial que continuó la publicación de la revista David y Goliat y la conformación de la Biblioteca de Ciencias Sociales (dirigida por Cristina Miceli), la cual incluye más de treinta volúmenes imprescindibles para conocer los avatares de las ciencias sociales latinoamericanas de ese periodo, muchos de los cuales han sido recientemente digitalizados por CLACSO.

Entre los proyectos y publicaciones que impulsó desde CLACSO, destaca la colección ¿Hacia un nuevo orden estatal en América Latina?, coordinada por Fernando Calderón y Mario R. dos Santos. Esta monumental obra, que consta de ocho volúmenes, publicados entre 1988 y 1990, incluye estudios de los más renombrados autores y autoras latinoamericanos en el campo de las ciencias sociales, quienes exploran un espectro de temas que abarca los ajustes estructurales, las reformas estatales y las innovaciones culturales, cubriendo casi todos los países de la región. Algunas otras publicaciones notables, realizadas con base en investigaciones o seminarios internacionales, son Los movimientos sociales ante la crisis (1986), Latinoamérica: Lo social y lo político de la crisis(1987) y un libro pionero, que anticipa buena parte de la discusión de los 90s,  Imágenes desconocidas: la modernidad en la encrucijada postmoderna (1988).

Durante la década de los ochenta, Calderón también dedicó importantes energías al conocimiento y promoción de las estructuras institucionales para las ciencias sociales en la región. Debe recordarse que, debido a la situación política de los setenta en América del Sur y en los ochenta en Centroamérica, la institucionalidad universitaria pública quedó fuertemente debilitada y, como consecuencia, se estableció una institucionalidad paralela y en buena parte precaria, bajo la forma de organizaciones no gubernamentales. Si en los años 70s CLACSO jugó un papel fundamental en la conformación de una red para la reubicación de intelectuales perseguidos por los regímenes dictatoriales, en la década de los 80s sus esfuerzos se orientaron a mantener y potenciar una red de instituciones no gubernamentales, buscando que su actividad no se limitara al activismo, sino que sirviera también de base para la elaboración intelectual en una escala latinoamericana.

Este ejercicio quedó plasmado en la publicación Autonomía, estabilidad y renovación. Los desafíos de las ciencias sociales en América Latina (1991), elaborado por Fernando Calderón y Patricia Provoste con base en una extensa encuesta institucional aplicada en toda la región. Un importante complemento a esta investigación, centrado ya no en las instituciones sino en el pensamiento de algunos de los principales exponentes de las ciencias sociales latinoamericanas, se publicó unos años más tarde con el título Los esfuerzos de Sísifo: Conversaciones sobre las ciencias sociales en América Latina (1999), donde se reúnen un conjunto de entrevistas realizadas por Calderón, algunas inicialmente publicadas en David y Goliat. Este libro ha sido recientemente reeditado y ampliado para incluir también entrevistas a Fernando Calderón, con el título Los caminos de la libertad. Diálogos latinoamericanos (2011).

Luego de su paso por CLACSO, Fernando Calderón se incorporó como asesor a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), donde contribuyó por un periodo de dos años con autores como Martin Hopenhayn, a repensar el rol de esa institución en el marco de las reformas neoliberales, las cuales habían cuestionado radicalmente el proyecto de industrialización promovido por el Estado como actor central del desarrollo, dentro del cual surgió la CEPAL. Si Hacia un nuevo orden estatal en América Latina. Veinte tesis sociopolíticas y un corolario de cierre(1991), escrito en coautoría con el filósofo argentino Mario R. dos Santos (+), donde se plantea la tesis de la “doble transición”, resume de alguna manera la acumulación intelectual de Calderón a su paso por CLACSO, probablemente el artículo “Una perspectiva cultural de las propuestas de la CEPAL” (1994), escrito en coautoría con M. Hopenhayn y E. Ottone, condensa su propuesta para repensar la problemática del desarrollo en América Latina y plantea la tesis sobre “el problema de la negación del otro” en el marco de la apuesta cepalina de “transformación productiva con equidad”.

Como otros sociólogos latinoamericanos destacados, como Norbert Lechner y Edelberto Torres-Rivas, Calderón se incorporó en la década de los 90s (1993-2010) al Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Durante casi una década fue el coordinador general del Informe de Desarrollo Humano de Bolivia, del cual dirigió varias ediciones, comenzando con la primera, que se publicó en 1998. A partir de la segunda edición (2000), los informes estuvieron acompañados de una serie de publicaciones complementarias, pero no por ello menos importantes, la cual fue denominada Cuadernos de futuro. Ese título destaca la intención programática de esta serie, que se ha mantenido hasta hoy, con 29 ediciones, dedicadas a reflexionar sobre diversas temáticas de interés para la problemática del desarrollo humano.

En las distintas versiones del Informe que coordinó Calderón, la diversidad cultural se considera un reto fundamental al desarrollo humano en un contexto mundial de acelerada integración comercial con base en las nuevas tecnologías. En toda la discusión promovida en torno a los informes, el dilema es, sin duda alguna, “cómo ser modernos sin dejar de ser indios”, tal como lo había expresado el mismo Calderón en su ponencia al seminario Imágenes desconocidas: la modernidad en la encrucijada postmoderna (1988). Esta preocupación central implica para Calderón pensar la interculturalidad y el desarrollo en el contexto de la globalización y la sociedad de la información, tarea que fue abordada también en un importante seminario con Manuel Castells como invitado destacado y con la participación de intelectuales de distintos países, cuyos resultados se publicaron en dos volúmenes titulados ¿Es sostenible la globalización en América Latina? Debates con Manuel Castells (2004).

Sin duda, los distintos informes del PNUD sobre Bolivia elaborados bajo la coordinación general de Fernando Calderón (1998, 2000, 2002, 2004), así como las publicaciones complementarias que los acompañaron, constituyen una fuente imprescindible para la comprensión de la sociedad boliviana, en una década particularmente intensa en términos de reformas estatales, movilizaciones sociales, transformaciones económicas y cambios políticos. Pero también, como lo testimonia la Conferencia Internacional Revoluciones del siglo XX. Homenaje a los cincuenta años de la Revolución de Bolivia: “Tenemos pechos de bronce…pero no sabemos nada”, realizada en el año 2002 (la memoria se publicó en 2003), son una contribución fundamental a pensar el presente y el futuro con la mirada puesta en el propio pasado boliviano, pero también en las experiencias internacionales.

Yo creo nuevamente que lo importante es esta cosa de equilibrio, de tejido. El desarrollismo necesita un piso de gobernabilidad intercultural, si no va a fracasar. Y el pluralismo necesita espacio para expresarse. En estas condiciones la combinación entre las dos cosas, un equilibrio entre las dos lógicas es lo que va a poder permitir dar un salto. Si te quedas en el mero desarrollismo hegemonista, esto va a tener serios límites políticos sobre todo cuando vengan las vacas flacas. Y si te quedas en un pluralismo absoluto tampoco va a funcionar, porque sabemos que también una carga perversa detrás del pluralismo es la tendencia al faccionalismo. Bolivia es también una sociedad facciosa.3

Como es característico en la sociedad boliviana, donde las ciencias sociales juegan un papel importante en el debate público, la elaboración de estos documentos no fue un ejercicio meramente académico o institucional en solitario, sino más bien el resultado de una intensa discusión con la participación de distintos sectores de la ciudadanía, tanto a título individual como en representación de organizaciones sociales. La destacada labor de promoción del debate intelectual más allá del ámbito académico realizada por Fernando Calderón desde el PNUD es evidente en la amplísima serie de seminarios, foros y publicaciones organizadas, la cual se suma a la contribución al debate público realizada también por otras instituciones, entre las cuales merece especial mención el Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales (ILDIS-Fundación F. Ebert), desde la segunda mitad de la década de los ochenta, con el impulso fundamental del economista Carlos Toranzo Roca.

En los últimos años, Fernando Calderón se ha desempeñado como asesor regional del PNUD, coordinador del Informe Mercosur de Desarrollo Humano, del cual se ha publicado ya una edición (2009-2010), dedicada al tema “Innovar para incluir. Jóvenes y Desarrollo Humano”. Fue también coordinador del Proyecto de Análisis Político y Escenarios de corto y mediano plazo para fortalecer la Gobernabilidad Democrática en América Latina (PAPEP), el cual ha publicado el libro Los conflictos sociales en América Latina (2011). Sus preocupaciones generales en este periodo se resumen en un libro que lleva por título América Latina y el Caribe: Tiempos de cambio. Nuevas Consideraciones Sociológicas sobre la Democracia y el Desarrollo (2012). En esta publicación, cuyo título es un homenaje a José Medina Echavarría, pionero de la sociología latinoamericana altamente valorado por Calderón -como se desprende de la edición y presentación de la publicación/homenaje José Medina Echavarría y la revolución boliviana (Cuadernos de Futuro 15, PNUD-Bolivia, 2002)-, Calderón sistematiza sus prolongadas reflexiones, retomando sus preocupaciones sobre los actores políticos y la construcción de un nuevo orden social, pensado todo desde la interculturalidad, el desarrollo humano y la globalización.

Fernando Calderón, quien en los últimos años se ha desempeñado como consultor de la Fundación UNIR Bolivia en La Paz, también ha cultivado su faceta docente. Se ha desempeñado como profesor invitado en un gran número de universidades alrededor del mundo, entre ellas la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la Universidad de California, la Universidad de Austin en Texas, la Universidad de Chicago, la FLACSO Argentina, la Universidad de Córdoba (Argentina), la Universidad Alberto Hurtado (Santiago de Chile), la Universidad Mayor de San Andrés (La Paz, Bolivia) y la Universidad Mayor de San Simón (Cochabamba, Bolivia). En esta última institución ha sido nombrado Profesor Honorífico y colabora, de manera permanente, con el Centro de Estudios Superiores Universitarios (CESU), donde ha desarrollado una intensa actividad colaborativa con otro importante sociólogo boliviano, Fernando Mayorga, la cual ha resultado, entre otras producciones, en la edición de una antología de sus textos y entrevistas, en tres volúmenes: La fuerza política de las culturas (2010), Sociedades en movimiento (2010) y Los caminos de la libertad. Diálogos latinoamericanos (2011).

En resumen, Calderón ha destacado como gestor institucional, promotor intelectual, organizador de grupos de trabajo y coordinador editorial, así como por su constante labor de elaboración teórica y exploración metodológica. En todas estas actividades, un rasgo que ha sido subrayado en él -y que bien podría también extenderse a otros autores latinoamericanos, como Edelberto Torres Rivas- es el diálogo constante y el intercambio crítico que este sociólogo boliviano realiza con colegas de varias latitudes al investigar procesos y temáticas regionales. Precisamente por ello, como lo destaca atinadamente Fernando Mayorga, un aporte fundamental de su obra es el contrapunto entre la realidad nacional boliviana y la realidad latinoamericana e incluso mundial. Ese ejercicio, realizado con frecuencia en coautoría y discusión con notables intelectuales latinoamericanos, le permite una permanente puesta en cuestión de las generalizaciones fáciles, que olvidan las especificidades nacionales, pero también tomar distancia de los excepcionalismos espúreos, aquellos que resultan del ensimismamiento localista. Es menester destacar que su labor ha tenido como centro de gravedad intelectual una permanente preocupación por estudiar la historicidad de la acción colectiva y, de manera fundamental, los retos que los movimientos sociales y la acción colectiva plantean al diseño de un orden democrático.

Concluimos esta semblanza de la vida y la obra de Fernando Calderón, citando un resumen hecho por él mismo de su diagnóstico y prospectiva sobre la situación de Bolivia en el periodo reciente, tomado de su artículo “Oportunidad histórica: cambio político y nuevo orden sociocultural” (Nueva Sociedad, número 209, mayo-junio de 2007, dedicado al tema “Bolivia: ¿el fin del enredo?”): “Bolivia atraviesa una coyuntura compleja que supone, también, una oportunidad histórica para conjugar el reconocimiento cultural de los sectores indígenas excluidos con un desarrollo económico equitativo y un nuevo orden institucional. Para superar este triple desafío, los líderes deberán privilegiar una lógica deliberante, de reconocimiento del otro y de búsqueda de resultados concretos. Si Bolivia logra conciliar economía y sociedad, si construye un nuevo tipo de Estado y si consolida un pacto de igualdad en la Asamblea Constituyente, podrá demostrarle al mundo que un proceso de modernidad emancipatoria puede provenir de la periferia.”