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Influencias

Las influencias intelectuales decisivas que se encuentran en la obra de Torres-Rivas provienen de dos fuentes, la del entorno familiar y social en el cual fue socializado, la primera; y las que se originan en su estadía en Chile, la segunda.

Hijo de Edelberto Torres-Espinoza, nicaragüense comprometido con las luchas anti dictatoriales en la región centroamericana, en particular en contra de los gobiernos de la familia Somoza, quien emigró a Guatemala y allí formó su familia, el ethos anti autoritario de su padre caló hondo desde temprano entre sus valores. Pero también se nutrió pronto con el pensamiento y con la práctica política de la izquierda comunista en su país durante la “revolución de octubre”, al haber sido militante de la juventud del Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) -la Juventud Patriótica del Trabajo, organización de la cual llegó a ser secretario general-, si bien se trataba de un marxismo sumamente tosco y doctrinario.

A finales de los años cuarenta, a mis 17 años, no tenía en Guatemala otra posibilidad más que estudiar derecho o economía. Escogí ser abogado a disgusto. Por ello mi tesis de graduación fue sobre Las clases sociales en Guatemala. No fue admitida por el Tribunal por no ser un tema jurídico; luego de un proceso judicial fue aceptada y me gradué. Ese libro ahora lo “oculto”, por elemental y sectario, con una visión marxista vulgar de las clases sociales…1

En Chile, mucho más importante que la sólida formación sociológica que ofrecía la FLACSO a quienes seleccionaba para conformar promociones con variada procedencia latinoamericana, lo marcó el estudio más detenido y sistemático del marxismo entre intelectuales y académicos. Eran hombres y mujeres de izquierda pero que no estaban vinculados a los partidos comunistas -los portadores oficiales entonces del marxismo-, quienes seguían y vivían con intensidad los avatares de la política suramericana, como Theotonio dos Santos, entre otras personas más. El haber formado parte del núcleo generador del enfoque de la dependencia a la par de Fernando H. Cardoso fue el otro hito que sellaría sus orientaciones e inclinaciones analíticas.

De aquí que lo característico y más persistente de Torres-Rivas a lo largo de su prolongada trayectoria y de su extensa producción sociológica, haya sido el análisis histórico-estructural de los procesos de cambio de las sociedades centroamericanas. Se debe tomar en cuenta que el marxismo y el enfoque de la dependencia son expresiones, en un sentido amplio, de la sociología histórica.

A la par de lo anterior, desde el mismo inicio de su quehacer sociológico lo animó en sus empeños interpretativos la apelación a una mirada regional. Esta no se ha orientado tanto hacia la elaboración constante de comparaciones sistemáticas entre procesos sociales de distintos países, sino que ha procurado alcanzar una perspectiva que ilumine, en primera instancia y en aquello que resulta fundamental, tanto lo que hay de común como lo que hay de diverso en las estructuras sociales y en los procesos históricos de las sociedades que conforman Centroamérica.

Contribuciones

La obra sociológica de Edelberto Torres-Rivas es vasta, tanto por la cantidad de trabajos producidos como por la diversidad de temas tratados. Su itinerario intelectual, como en parte el de la generación de sociólogos latinoamericanos a la cual pertenece, al igual que el derrotero temático transitado por  la misma sociología en su ya casi septuagenaria historia en América Latina, ha abarcado desde la preocupación central por el desarrollo, pasando por la revolución, hasta el análisis y la crítica, desde la sociología política, de las democracias realmente existentes en la región. Aquí sólo se destacan algunas de sus más importantes contribuciones:

  • Lo “oligárquico”
  • El desarrollo dependiente centroamericano
  • La crisis política regional de los años ochenta
  • La democracia
  • La izquierda

Lo “oligárquico”

Una idea principal en su obra para la explicación de las estructuras condicionantes del proceso histórico regional en el largo plazo (en lo económico, en lo social y también en lo estrictamente político), la constituye la categoría de “lo oligárquico”. A diferencia de lo planteado por Cardoso y Faletto, incluso en el contexto teórico mismo del enfoque de la dependencia, para quienes las “oligarquías” son los grupos terratenientes atrasados durante el periodo de expansión hacia fuerade América Latina, no vinculados más que indirectamente a la dinámica agroexportadora hacia el mercado mundial en expansión2, en Torres-Rivas dicha categoría refiere a otros sectores sociales, es muchísimo más rica y consigue un mayor alcance explicativo. Con ella se apunta principalmente a la clase terrateniente que vinculó a los países de Centroamérica, en el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX, al mercado capitalista internacional mediante los productos de agroexportación, el café en esta región. El concepto involucra a los grupos de propietarios insertos en el negocio agroexportador, titulares de diversas funciones en la división social del trabajo en el universo de la agroexportación.

En 2015, Torres-Rivas recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Costa Rica.

Pero acompañando a lo anterior, y entonces con respecto al carácter de la dominación liberal-oligárquica, puntualiza lo siguiente: “Lo oligárquico alude más que a la forma del Estado y al desarrollo de sus aparatos materiales, al estilo de la conducción político-ideológica de las clases agrarias, basadas en la exclusión “natural” de los dominados y en una identificación sin mediaciones entre los intereses dominantes (los cafetaleros por excelencia) y los más generales, atribuidos a la nación. Una nación construyéndose como una identidad particular alimentada por una cultura excluyente”.3 Se trata de la forma como se constituye en primera instancia el Estado nacional y la cultura política en Centroamérica, todo lo cual sanciona una estructura social caracterizada por abismales diferencias sociales y económicas, anclada en la herencia colonial pero con modificaciones en curso en una dirección capitalista, las cuales avanzan de manera titubeante. Sobre dicha estructura, se impone una modalidad de dominación política que habría de perdurar pese a su debilitamiento progresivo y al cuestionamiento persistente de variado origen social que experimentó en distintos periodos. Impugnaciones fallidas porque reprimidas por medios autoritarios sustentados en el ejército, todo ello a lo largo de casi un siglo, hasta los años setenta del siglo XX, cuando por fin ocurrió la crisis definitiva de esta modalidad de dominación y se culminó una ruptura histórica.

El análisis del orden social oligárquico en Centroamérica, de su estructura de dominación, de sus cambiantes manifestaciones, de su capacidad de bloquear, desmontar  o readecuar las reformas que lo amenazaron, de sus contradicciones con el paso del tiempo, de su tardía crisis definitiva, todo ello constituye un tema reiteradamente presente de múltiples maneras en muchos de los trabajos de Torres-Rivas, una clave explicativa en la larga duración para aproximarse a los procesos histórico-políticos en la región, tanto del pasado como los de la segunda mitad del siglo XX.

Sobre esta materia, dos trabajos suyos, entre otros, sobresalen, los que se complementan muy bien entre sí en términos del alcance temporal que cubren: “Síntesis histórica del proceso político” (1975)4, muy concentrado en la génesis y desarrollo del Estado Liberal-Oligárquico y en el carácter de la política oligárquica; y el otro, escrito con Vinicio González, “Naturaleza y crisis del poder en Centroamérica” (1972 y 1975),5 en el cual se analiza la dinámica política en la Postguerra, incluido el periodo del Mercomún.

El desarrollo dependiente centroamericano

Con Interpretación del desarrollo social centroamericano se introdujo el enfoque de la dependencia en Centroamérica y se dio a conocer la evolución de esta región en América Latina. En esta obra se ofrece una visión comprensiva de larga duración de sus estructuras sociales y de sus procesos históricos a partir de la Independencia. Pero lo más valioso de ella no se encontraba en los datos sino en la nueva mirada que a ellos se les daba.

El texto aporta contribuciones interpretativas para cada una de las fases del desarrollo: la de la anarquía y la imposibilidad que conllevó de conformar exitosamente la federación centroamericana; la del periodo de expansión hacia fuera, con las dificultades para asegurar la inserción de estas sociedades en el mercado mundial capitalista, la muy precaria constitución de los Estados nacionales en la región, y los rasgos de la evolución social en este periodo; la primera crisis del orden agroexportador oligárquico a partir de 1929, que en sus efectos económicos, sociales y políticos fue tan diferente de las que ocurrieron en los países de mayor desarrollo capitalista relativo de América Latina (como México y los del Cono Sur, en los cuales se concentraba en demasía la atención analítica de los principales formuladores del enfoque de la dependencia); la transición de la Postguerra (a partir de 1944), con su diversificación agroexportadora y el dificultoso inicio de la industrialización en Centroamérica, hasta el proyecto de integración económica de los años sesenta del siglo XX, que tantas expectativas provocó.

La tesis de fondo, el argumento principal con el cual culminaba la obra era el siguiente: si bien había habido un importante crecimiento económico en la región en la Postguerra, propiciado por una nueva diversificación y ampliación de la agroexportación, y cierta modernización productiva, además de la industrialización sustitutiva de importaciones que entonces se impulsaba dirigida al recién establecido Mercado Común Centroamericano (1960), todo esto sucedía constreñido por las siguientes limitaciones estructurales. En primer lugar, por la transacción política entre la oligarquía renuente a la modernización y los industrializadores (salidos estos de aquella muchas veces), un acuerdo político entre ambos sectores para no modificar lo que Torres-Rivas denominaba “el talón de Aquiles” del sistema socioeconómico centroamericano, es decir, el mundo rural, en donde habitaba 2/3 de la población. Aquí prevalecían pautas de elevada concentración de la propiedad, proletarización en aumento pero con alta explotación de la fuerza de trabajo y muy bajos salarios, y patrones productivos muy atrasados en el sector campesino. En segundo lugar, la industrialización, que si bien al principio fue un proyecto de un sector de débiles élites nacionales, en el momento final de su diseño se configuró para abrirle espacio al capital extranjero, principalmente norteamericano, que entonces lo penetró y se convertiría en su principal ganancioso. De esta manera, la industrialización subordinada al capital extranjero, configuradora de una nueva forma de dependencia de la región con respecto a los centros económicos y políticos del sistema capitalista mundial, en concordancia con la estructura del mundo rural, apuntaban a límites que eran prácticamente imposibles de trascenderse, excepto que se gestara “[…] una sólida alianza de clases a nivel nacional y centroamericano, que hoy no tiene posibilidades de darse”.6 El proyecto integracionista de los años sesenta quedaba así condenado a promover una modernización restringida, beneficiaria de los estratos sociales altos y medios de la sociedad centroamericana, pero en modo alguno conducente a un desarrollo capitalista profundo, liderado por el capital nacional y con un impacto social generalizado. De modo que -concluía- “es posible, hoy día en términos relativos, encontrar un cierto crecimiento económico en Centroamérica, pero sin que signifique desarrollo social, ni democratización, ni autonomía”.7

La obra tenía un valor agregado poco percibido entonces: enriqueció la literatura que analizaba críticamente el desarrollo capitalista latinoamericano desde la perspectiva del enfoque de la dependencia, al aportar un estudio de casos nacionales y de una región en su conjunto escasamente conocida por los principales sociólogos de los países latinoamericanos de mayor desarrollo relativo, los más influyentes en el debate teórico por aquellos días.

La crisis política regional de los años ochenta

La crisis política centroamericana acontecida a finales de los años setenta del siglo XX y durante la siguiente década ha sido un proceso estudiado profusamente, tanto por sociólogos de la región como por científicos sociales de afuera de ella de variada procedencia. Pero la obra de Torres-Rivas en general, y especialmente sus trabajos al comienzo mismo de este periodo, permanecen como insoslayables, particularmente su artículo “Ocho claves para comprender la crisis en Centroamérica”.8

Sus tesis descollantes alrededor de este tema fueron las siguientes. Esta crisis política significaba una ruptura histórica, una quiebra ya definitiva de lo que había venido sobreviviendo y modificándose de la dominación oligárquica, que acudía cada vez más a la interpósita manu militari, expresada por la institución castrense como cuerpo especialmente a partir de los años sesenta del siglo XX. El desencadenamiento de la crisis política se producía con el telón de fondo que implicaba el periodo más prolongado de elevado crecimiento económico vivido por la región, ocurrido a partir de la finalización de la II Guerra Mundial. Un periodo que sin embargo estuvo acompañado de un incremento en la explotación económica, de la pobreza y de la concentración de la riqueza, en el marco igualmente del despunte de una crisis económica a finales de los años setenta, la cual exponía los límites del patrón de reproducción económica que se había seguido en las tres décadas precedentes. Y se presentaba asimismo en el marco de una crisis entre fracciones de la burguesía, que ni habían sido capaces en general  de expresar sus intereses por medio de partidos políticos orientados hacia la competencia democrática, ni habían conseguido elaborar alguna ideología que trascendiera la miseria del anticomunismo -aunque hubiera excepciones, por ejemplo en Costa Rica. En este contexto, e incorporado a él como parte suya, se sumaba el desgaste que vivía la izquierda partidaria tradicional, de perfil comunista, y las acciones y propuestas nunca florecientes de las guerrillas ancladas en la concepción del foquismo. Es desde este cuadro en la oposición de izquierda que se habrían ido constituyendo las organizaciones político-militares, las cuales fueron arraigando y desarrollándose hasta convertirse en el instrumento de los nuevos sujetos cuestionadores del orden social: el campesinado, los sectores urbanos marginales y algunos grupos de las clases medias. Pero la tesis más importante que aportaría Torres-Rivas en su interpretación sería el sostener que la razón decisiva del desencadenamiento de la crisis había que buscarla, no sólo en la explotación y en la pobreza que vivían las masas, sino sobre todo en el bloqueo sistemático de la lucha política que podría haberse confrontado a través de los canales normales que para dirimirla tendría una sociedad capitalista moderna: “El carácter de las luchas sociales que hoy día califican la situación centroamericana como una situación de profunda crisis política, son resultado de un largo proceso de desequilibrios y problemas creados por el crecimiento económico y nunca satisfechos, pero especialmente de reivindicaciones permanentemente pospuestas, de derechos reiteradamente violados, en suma, de luchas sociales y políticas pacíficas y legales, pero ilegalizadas y reprimidas por el Estado”.9

La democracia

El tema de la democracia es con seguridad el tema predominante en la obra de Torres-Rivas a partir de mediados de los años ochenta. Su análisis a lo largo de estas décadas ha abarcado por lo menos las siguientes cuestiones: ¿cuáles son las democracias posibles en Centroamérica?,  ¿cuáles funciones han venido cumpliendo las elecciones en los distintos momentos históricos y sociedades de la región recientemente?, ¿cuáles son los desafíos que tienen estas democracias electorales?, ¿cómo se constituyen ciudadanías conscientes, actuantes, participativas, en sociedades con enormes déficit sociales?, ¿cuáles son los retos de los partidos políticos vis a vis su débil y casi inexistente institucionalidad y funcionalidad en el pasado, y de cara también a las funciones que se le exigen en estas democracias?, ¿cuáles son las condiciones de posibilidad del buen gobierno?, ¿cuál es la relación entre el Estado realmente existente en Centroamérica y el desarrollo de la democracia?, ¿cuáles son los déficit y los retos en general de la consolidación de la democracia en Centroamérica?, ¿cuáles son los desafíos que tiene hoy la izquierda en esta región?

Las transiciones a la democracia que han tenido lugar en la región a partir de finales de los años setenta e inicios de la siguiente década son calificadas por él como transiciones autoritarias, en el sentido de que se trata de transiciones en las cuales han sido los militares los que han tomado la iniciativa para propiciar el cambio de régimen y porque además lo han hecho como una medida contrainsurgente, para debilitar las justificaciones de la guerrilla. Pero lo que más le ha interesado analizar es lo que denomina como desarrollo democrático: “[…] un proceso histórico de constitución de ciudadanías políticas activas, de la ampliación sucesiva de la participación pública, de la profundización en el uso de los derechos que la Constitución y las leyes establecen y regulan. La ciudadanía se va construyendo en relación con las instituciones políticas y las oportunidades de ejercitar los derechos correspondientes, hasta configurar una democracia política”.10 El camino que siguen dificultosamente las democracias centroamericanas hacia su consolidación, un camino de ninguna manera asegurado, exige abordar un conjunto de aspectos de la sociedad: el crecimiento económico, que “hoy día produce legitimidad y esto eventualmente fortalece la estabilidad política”;11 la influencia de la cultura oligárquica declinante en contraposición con la débilmente emergente cultura política democrática; las instancias de representación fundamentales como son los partidos políticos; el fortalecimiento de la sociedad civil en la medida en que numerosos intereses surjan desde lo privado pero para articularse con autonomía respecto del Estado y así participar en la esfera pública, con conciencia de la comunidad política a la cual pertenecen; y finalmente, la importancia de la redefinición y el acotamiento de las funciones de los militares.

La izquierda

El principal problema que enfrenta la izquierda en Centroamérica para Torres-Rivas radica en la dificultad que ha padecido para reconocer plenamente el nuevo contexto político en el cual se encuentra y extraer todas las conclusiones que se derivarían de ello: “[…] las izquierdas en estos países no han advertido suficientemente que vivimos un periodo nuevo, caracterizado por la existencia de regímenes democráticos. ¿Electorales, burgueses? No, solo existen esas democracias, unas funcionando mejor, otras mal pero siempre muy superiores a una dictadura […] significa enfrentar las dificultades de lo nuevo con decisión y salir adelante creativamente”.12 Y de manera concluyente afirma que “[…] sólo queda la opción gradualista, hacer reformas. Somos de izquierda porque somos reformistas. La manera de ser revolucionario, hoy día, es hacer política de reformas”.13 De lo que se trataría es de “[…] la lucha por los principios que siempre animaron a las izquierdas: la igualdad, la solidaridad, el bienestar de las mayorías pobres, la defensa de y el derecho a la cultura, la independencia nacional”.14 Ahora el proyecto de sociedad debe ser rediseñado: “Paradojas de la historia: ahora el movimiento va del socialismo científico al socialismo utópico”.15